Hablemos de grifos

Ahora que empieza a haber en Canarias algo de lo que se ha venido a llamar en el resto del mundo «craft beer», quizás sea el momento de plantearnos hacia dónde queremos evolucionar.

Tradicionalmente en el mundo de la cerveza industrial, hemos sido testigos de como en los locales una marca pone el grifo y domina la barra bloqueando el acceso de cualquier otras cervezas a ese local. El nuevo movimiento cervecero nos ofrece una oportunidad para cambiar esto, y ejemplo de ello tenemos en los grandes referentes cerveceros actuales como Barcelona (Biercab, Jazz, Abirradero, Ale&Hop, Beer´linale, etc.) Madrid (L´Europe, Chinasky, El Pedal, etc.) o Londres (Craftbeerco, The Harp, Holborn Whippet, etc).

Parece que en Canarias ya empieza a asentarse la idea de ofrecer una amplia variedad de cervezas artesanas locales y de importación en las cervecerías de nuestras islas. Sin embargo, el hostelero se ve a veces abrumado por la facilidad con la que los distribuidores se ofrecen a colocar en su barra grifos en los que pinchar solamente, las cervezas que éste distribuye (replicando el tradicional modelo de cerveza industrial). Es normal que cualquier hostelero ceda en este asunto y se vea en poco tiempo con varios grifos de cerveza de un único distribuidor, pues no hay mayor satisfacción para un hostelero cervecero que estrenar sus primeros grifos convirtiéndose así en la envidia del resto de garitos.

La clientela está encantada con los grifos nuevos pero al poco tiempo, sin embargo, los mismos clientes empiezan a preguntar cuándo cambiarán las cervezas pinchadas en los grifos. No sabemos muy bien por qué exactamente, pero es lo que ocurre. Y no se crean que es un plan urdido por los clientes que se han puesto de acuerdo por fuera del local para hacer rabiar al hostelero de turno, no. Es un proceso casi natural. Es lo que pasa en todos sitios y Canarias, por mucho que queramos, no va a ser menos.

Si tomamos como referencia lo que ha ocurrido en el mercado cervecero artesano de otros lugares, lo habitual es que el consumidor se vaya especializando. Esto es, el cliente cervecero no se limita simplemente a beber, demanda información sobre qué es lo que bebe, de dónde viene, quién o quiénes lo fabrican, a qué estilo pertenece, etc. A este proceso digamos, de curiosidad cervecera, se le une el uso habitual de las redes sociales en las que leer, compartir y comentar cualquier asunto de índole cervecero. Por lo que tanto el cliente como el hostelero reciben información actualizada y continua sobre el panorama cervecero local e internacional.

Así que en general, el consumidor de cerveza artesana comienza a descubrir el amplio mundo que existe más allá de lo que su hostelero de confianza es capaz de ofrecerle en un determinado momento pues  el cliente cervecero ya demanda mayor variedad de cervezas, de marcas, especialidades y/o rarezas y una mejor calidad del producto.

Ante esta situación, la tendencia en Canarias ha sido la de aumentar la oferta en botellas, pero esta idea no se ha traducido en una mayor rotación y variedad en barril. Es aquí donde se entorpece el crecimiento del sector ya que el hostelero se ve atado a lo acordado con el distribuidor y aunque lo desea, no puede satisfacer a los cada vez más clientes que ansían el poderse tomar unas cañas diferentes cada cierto tiempo. Y lo que parecía una suerte, se convierte en una trampa pues es al final el distribuidor el que manda en la barra del hostelero.

Pero este es un problema, de los que tienen solución. Basta con instalar un grifo propio. Y decimos UN porque aunque el hostelero solo pueda permitirse instalar un grifo propio, volverá a ser el rey de la selva. O por lo menos, el rey de su propia barra y podrá decidir semana tras semana qué cerveza va a pinchar en SU grifo pudiendo optar por comprarle a diferentes distribuidores, a productores locales o como si decide traerse un barril de la Conchinchina en un barco velero.

– Tampoco es tan fácil – dirá el hostelero. Y tiene razón, pues los grifos tienen un sistema de extracción y de frío que son específicos según el modelo y tampoco es que valgan dos duros. Pero teniendo en cuenta la rotación de cervezas que ese único grifo le daría al local y la independencia que obtendría el hostelero para decidir qué pinchar, nosotros creemos que la inversión valdría la pena.

¿Que no habría tantas fiestas con sorteos de gorras, gorros, pareos, etc? Pues no. Pero señores hosteleros, pregunten a sus clientes qué valoran más de su local; si las camisetas de andar por casa o poder beber de grifo una cerveza distinta cada semana.

En este punto, vamos a añadir una nueva variable: ¿Cómo hace una micro local para que se pinche su producto en un local cervecero?

Pues en Canarias estamos asistiendo a un fenómeno bastante sorprendente (al menos para nosotros). Y es que algunas micros se han lanzado a imitar a las cerveceras industriales montando grifos en los que sólo se pincha su cerveza.  ¿Hacia dónde vamos? Porque de esta forma no solo se perjudica a aquellas micros que no se pueden permitir instalar grifos, sino que se perjudica al cliente privándole una vez más de poder disfrutar de una oferta más variada de cervezas de barril.

Quizás lo que no ha pensado el hostelero es que mientras tenga permanencia (al más puro estilo vodafone o movistar) si la cerveza pierde calidad, frescura, aromas, o por lo que sea, no se vende; el hostelero debe aguantarse el grifo bloqueado sin poder pinchar en él cualquier otro barril.

Esperamos que el mercado canario siga evolucionando y con ello, el hostelero, y que cada vez haya más variedad de cerveza en barril. Mientras tanto, debemos tener paciencia con el asunto y empatía con los protagonistas, no vaya a ser que los grifos se nos enfaden y se proclamen en huelga.

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